Neferu Atón Nefertiti

YO, la Gloria. En las arenas del tiempo donde Sehkmet se abalanza sobre las dunas arremolinadas. El viento soplaba entre las áridas ramas de los mustios árboles que surcaban los terrenos externos a mi Reino. Lo había perdido todo. La traición me había condenado. No había humano alguno que elevase más los nombres de la Reina de Egipto. Neferu Atón Nefertiti. Y se hacía más constreñida la decepción en mi pecho mientras huía de aquello que fue mi hogar. Lejos de las faldas del Nilo donde degusté dulces dátiles e higos, contemplando el crecimiento de mis hijas. Akenatón ya no es parte de mi historia. Solo mis papiros y mis joyas, mi gato y dos sirvientes cuyo corazón aún permanecía fiel a mi nombre. Todos se preguntaron ¿Dónde está Nefertiti?. Fui borrada de la historia de mi pueblo, señalada por perseguir un ideal. Esto, no está escrito en los papiros. Esto, no lo conoce la humanidad. Déjame contarte desde los dedos rápidos de una mente ágil y joven, lo que la escritura psíquica permite esclarecer. Es mi deseo desenterrar el Misterio de mi nombre, más allá del velo de Akenatón y su reinado de mentiras. Mi nombre es Neferu. Neferi. Neferáh. La mujer más bella que se había visto en los amplios andenes y límpidos velos del palacio real. Las estrellas estaban celosas de mi nombre. Nefertiti. La de Ojos de Luna, la de voz de Sol naciente. Alta como una palmera de dátil, ágil y flexible ante las adversidades. Yo no quería pelear, yo no quería pretender entre joyas y presunciones. Mi mente, era como un chacal hambriento. Mi boca, anhelaba los besos de una copa llena de nuevos sabores lejanos, muy lejanos. De mis manos, brotaban los más sabios consejos porque yo poseía la capacidad de ver el más allá del velo de Isis y contemplar los males que aquejaban al sufriente. Esa era Yo, la que se convirtió en la esposa de Akenatón, el frío. El no siempre fue así. Cuando éramos jóvenes, muy jóvenes, solíamos caminar por la orilla del Nilo, cazando canciones y saltando como gacelas en juegos gráciles. La presión de un reinado que se expandía como los campos de cebada lo obligaron a despojarse de toda sensibilidad, de su niñez e inocencia. Los intereses políticos y la sed de Poder desequilibraron el poder REAL de los egipcios de ese tiempo. Esto marcó un tiempo de muchos cambios y guerras internas que masacraron toda idea de un reinado de paz y abundancia. Ya habíamos tenido eso. Teníamos aliados muy poderosos. Pero ellos, al ver que decidimos cambiar de ideales, concibieron que no era requerida su presencia entre el reino egipcio. Algunos no creerán lo que estoy diciendo. Pero es real. Algunos otros sabrán y recordarán lo que el corazón les ha develado desde el susurro del viento entre las pirámides de Egipto. Las estrellas son portales y cada estrella porta información que destila en espirales y desciende hasta las puntas de nuestras cabezas, el Ras’hi, el cielo grabado. ¿Dónde quedaron las memorias ocultas en la canción de las estrellas? Los trabajos de muchas generaciones fueron destruidos y ocultos de los ojos de la humanidad de hoy. Ya nadie mira a las estrellas con los ojos cerrados…



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